Luz sobre la vida: El sendero trazado por B.K.S Iyengar

“La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo.”

Julio Córtazar. Rayuela.

1. Viaje

En Oriente y Occidente el viaje como metáfora de la vida y las transformaciones del ser se ha vuelto un arquetipo; un referente que además de permear nuestra vida cotidiana encuentra expresión en una gran diversidad de obras. Las aventuras o peripecias de personajes como Ulises en la Odisea, el Quijote de Cervantes o el inglés Phileas Fogg intentando dar la vuelta al mundo en ochenta días son mucho más que recorridos turísticos. Quien llega no es el mismo que ha partido. La ruta puede estar fijada de antemano, pero se desconocen con antelación las consecuencias del andarla. Puede alguien haber bocetado las etapas más significativas del tránsito,cómo sucede con la iconografía japonesa de “la doma del buey”, pero ignoramos detalles de ajustes y digresiones; es probable, incluso, que ciertos mapas nos sirvan poco y otros que en un principio habíamos menospreciado resulten extremadamente útiles en momentos cruciales. Luz sobre la vida de B.K.S. Iyengar es un trazo que tiende a lo arquetípico y ha sido elaborado a partir de un recorrido personal. Si fuésemos marinos observando una noche estrellada, sería posible imaginar al maestro Iyengar señalando los entramados que conforman las constelaciones e indicándonos cómo, atendiendo a ellas, podemos ser navegantes más diestros. Este libro, publicado 50 años después de la primera obra escrita que Iyengar brindó a occidente, Luz sobre el Yoga —gracias al apoyo de otro generoso “viajero” como Yehuda Menuhin— es un destilado de una asimilación personal profunda del “octúple” camino del yoga y la tradición vedanta.

Toparme aproximadamente hace diez años con Luz sobre el Yoga fue revelador y un tanto apabullante; las decenas de fotografías, las indicaciones, los términos en sánscrito, las secuencias, las recomendaciones. Sus primeras páginas, donde entre otras cosas, se explicitaban que eran yamas y niyamas me resultaban especialmente atractivas y de algún modo —que no lograba aún comprender del todo— me permitían intuir que había en el resto de las páginas mucho más que un cátalgo de posturas acrobáticas.


Figura 1: ¿Es la vida sueño? Una instántanea del soñar de B.K.S. Iyengar

Fue pocos años antes del fallecimiento del maestro Iyengar en 2014 que Luz sobre la vida llegó a mis manos. No dudé en adquirir un ejemplar al hojear unas cuántas páginas y leer la contrapartada. No había demasiadas fotografías o dibujos. El texto era extenso y ligero, pero no exento de retos. Lo que capturó principalmente mi interés no fue la elucidación de venerables y antiquísimas concepciones orientales o el apéndice con dibujos detallados de distintas asanas para la estabilidad emocional usando aditamentos, sino el deseo de conocer la reflexiones del maestro sobre su periplo tras 50 años en Occidente; la posibilidad de vislumbrar entre líneas la sabiduría adquirida más allá de conceptualizaciones filósoficas rigídas. Me sentía sumamente afortunado de poder contrastar lo escrito en dos libros del mismo autor a 50 años de distancia. De algún modo, el comienzo y la conclusión de un viaje. Aunque, ciertamente, tanto las raíces como la extensión de dicho viaje trascendían el espacio flanqueado por ese par de libros.

2. Cebolla

¿Cuál es el punto de partida y cuál el punto de llegada de un viaje espiritual? ¿Nos trasladamos de la tierra al cielo? ¿De los infiernos al paraíso? ¿Del exterior al interior o a la inversa? En Luz sobre la vida, Iyengar hilvana su recorrido personal con una exploración de la concepción del ser humano estructurado por diversa capas; a la manera de una muñeca rusa, o una cebolla —una concepción que se encuentra en los Upanishads. Desde esta perspectiva cinco koshas, cinco cuerpos, o cinco capas nos constituyen y recubren el “alma”, el atman, el vínculo humano con lo divino. La capa externa, annamaya kosha, denota en gran medida nuestra corporalidad fisiológica, la siguiente, pranamaya kosha refiere a una dimensión energético-vital, mientras que las siguientes conciernen a nuestra vida mental/emocional, manomaya kosha, nuestro discernimiento intelectual, vijñanamaya kosha y nuestra corporalidad divina, anandamaya kosha.

Figura 2: Los cinco koshas que recubren el atman, según los Upanishads

Estabilidad, vitalidad, claridad, sabiduría y beatitud son los ideales asociados por Iyengar a cada uno de estos cuerpos. Abunda sobre cada uno de ellos en su libro y señala cómo emergen o se cultivan con la disciplina yóguica. La naturaleza cebollesca de los koshas es sólo metafórica y habría que evitar tomarla al pie de la letra (algunos matemáticos o filósofos occidentales contemporáneos bien podrían en lugar de usar la palabra kosha hablar de dimensiones) ¿Los antiguos yóguicos hacian de este constructo una interpretación literal? Probablemente sí. Probablemente no. Pero conjeturar sobre ello es un tanto ocioso. A diferencia de lo que sí sucede conunacebollaounamuñecarusa,nisiquierapodríaunopronunciarseporlaatribucióndeuna contextura similar a cada una de estas capas o cuerpos. Las peculiaridades de cada uno de estos cinco ámbitos son intrincadas e inconmensurables. Atinadamente apunta la polaca Wisława Szymborska en un poema:

La cebolla es otra cosa.
Ni siquiera tiene entrañas.
Es cebolla enteramente,
al más cebolloso grado.
[…]

Un ser sin contradicciones,
criatura muy bien lograda.
En una cebolla hay otra,
en la grande una pequeña
y así, sucesivamente,
una tercera, una cuarta.
Una centrípeta fuga.
Un eco cantado a coro.
[…]

Nosotros: grasas y nervios,
secreciones y secretos.
Y se nos ha denegado
la idiotez de lo perfecto.

 

¿Apunta la práctica del yoga a la “perfección”? ¿A la “pureza”? ¿A la “simplicidad”? ¿A la revelación del atman? ¿Y qué si se tienen por ejemplo concepciones metafísicas contrapuestas a las expuestas en los Upanishads, como sucede con la noción budista de anatman? Cada practicante comprometido elabora y re-elabora respuestas a este tipo de preguntas día tras día. Plenitud puede ser una palabra que carga con connotaciones menos estáticas y homogeneizantes que perfección. ¿Puede encontrase una palabra para sustituir lo que intenta denotar la palabra atman?¿Porqué nos importarían hacer esas precisiones? ¿Qué palabras como pautas, partituras o mapas para conducir nuestras acciones elegiremos? Los gestos del maestro Iyengar haciendo trazos sobre un cielo estrellado son justo eso, gestos, guiños, mapas de su experiencia como navegante (que ha tenido en cuenta lo explorado por otros marinos). Corresponde a cada uno de nosotros elegir destino posible, momento y manera en que hacernos al mar. De antemano sabemos que en ese viaje en más de una ocasión haremos relecturas y anotaciones a los mapas que nos han sido legados.

Coyoacán, México, 3 de octubre de 2018

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